II · Ponerlo a andar · Tema 4

El inventario que sí se cuenta

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El inventario es el tema menos popular del curso y el que más cambia las cosas. Es donde está el dinero que ya gastaste, es la única forma de saber cuál fue tu costo de alimentos de verdad, y es donde el control de costos deja de ser un montón de buenas intenciones y se vuelve un número. También tiene una mala fama que se merece a medias: hecho como lo describen casi todos los libros, lleva toda la noche. Hecho como funciona, lleva cuarenta minutos al mes.

🧮 Lo que compraste no es lo que usaste

Empieza por la cuenta más útil del tema. Tu costo de alimentos del mes no es lo que les pagaste a los proveedores: es lo que de verdad salió de los estantes.

Inventario inicial + compras − inventario final = lo que usaste.

En este restaurante, el mes pasado: $9,000 de inventario al empezar, $15,500 de compras y $8,500 que quedaron al final, o sea $16,000 usados. Si hubieras juzgado el mes por las facturas habrías dicho $15,500, corto por $500, y habrías concluido que el costo de alimentos fue 31% cuando fue 32%. En un mes en que te abasteces para un fin de semana fuerte el error se va para el otro lado y es mucho mayor, que es justo la trampa contra la que avisaba el curso de estados financieros: un estado armado sobre las compras hace que el mes en que te abasteciste parezca un desastre y que el siguiente parezca brillante, cuando no cambió absolutamente nada.

Con dos conteos al año alcanza para notar que algo va mal. Con doce alcanza para dirigir. Esa es la razón por la que el conteo existe: no para el contador, sino porque sin él no conoces tu propio costo de alimentos, y todos los porcentajes del curso de presupuestos son una suposición.

📦 El nivel par: cuánto es suficiente

Un nivel par es la cantidad de un producto que quieres tener a mano, fijada una vez para que pedir deje de ser una corazonada a las siete de la mañana. La cuenta es: cuánto usas en un día, por los días que faltan hasta la próxima entrega, más un poco por si estimaste mal.

El pan de hamburguesa, en esta cocina: 500 hamburguesas al mes son unas 17 al día, las entregas llegan dos veces por semana, así que cuatro días de cobertura son 68 — digamos 72, que son seis paquetes de doce. Si el día de entrega hay menos de 72, se pide. Ese es todo el método, y su valor está en que la decisión se tomó una vez, con calma, por alguien que hizo la división, en vez de tomarse cada semana por quien estuviera ahí parado.

Pon niveles par solo para tus productos principales, revísalos cuando cambie la carta o el volumen, y resiste las dos formas de equivocarte. Demasiado alto y estás financiando la bodega de tu proveedor dentro de tu propia cámara fría, con producto echado a perder de regalo. Demasiado bajo y te quedas sin nada un sábado, que cuesta mucho más de lo que costaba el inventario: un plato que no está en el pico es una venta perdida y a veces un cliente perdido. El nivel par no está para que vayas justo. Está para que el número no se invente bajo presión.

🔄 Rotación, y el dinero dormido en la cámara

Divide lo que usaste entre lo que tienes y sale cuántas veces rota tu inventario en un mes: $16,000 entre $9,000 son 1.8 rotaciones, que es otra manera de decir que este restaurante carga unos diecisiete días de comida. Para una cocina que recibe dos veces por semana, es mucho — una semana de cobertura es una meta razonable en restaurantes que trabajan con producto fresco, y dejaría esos mismos estantes en unos $4,000.

Los $5,000 de diferencia no son un detalle contable. Son dinero en el banco en vez de dinero en una cámara, y son dinero que deja de caducarse: cada peso de inventario por encima de lo que necesitas trae el riesgo callado de volverse merma, que es el tema siguiente. El inventario alto además esconde problemas, porque un estante bien surtido nunca obliga a nadie a notar que un producto no se está vendiendo.

Bajarlo son sobre todo dos hábitos. Primeras entradas, primeras salidas: lo que llega va detrás, no delante, todo se fecha al recibirlo, y lo más viejo es siempre lo próximo que se abre. Suena obvio y es la diferencia entre una cámara fría que no pierde nada y una que tira una bandeja por semana. Y segundo, pedir contra el nivel par y no contra el camión: comprar una caja de más porque estaba en oferta es una decisión de convertir efectivo en inventario, que a veces está bien y nunca es gratis.

📋 Un conteo que sí se hace

La razón por la que casi ningún restaurante cuenta es que intenta hacerlo perfecto. Esta es la versión que sobrevive a un mes real.

  • El mismo día de cada mes, al final, después de la última entrega y antes del servicio. En el calendario, como la nómina.
  • Hoja en el orden de los estantes. La lista sigue el recorrido físico —cámara fría, congelador, almacén seco, barra— para que nadie dé vueltas ni se salte un rincón.
  • Dos personas: una cuenta y otra anota. Es el doble de rápido y la mitad de equivocado.
  • Cuenta lo que importa. Lo caro y lo que se mueve rápido se cuenta bien; el vinagre se estima. Ser preciso con lo barato y lento no compra nada.
  • Semanal para los cuatro grandes. Carne, pescado y alcohol: lo que es caro, porcionable y fácil de perder. Cuatro líneas, cinco minutos, y detectan un problema en una semana en vez de en un trimestre.
  • El mismo método siempre. Un conteo imperfecto repetido igual te enseña la tendencia, que es lo que de verdad buscas. Un conteo perfecto hecho una sola vez no te dice nada.

Lo que haces con él es una sola comparación: lo que el conteo dice que usaste, contra lo que tus recetas dicen que deberías haber usado para los platos que vendiste. Cuando esos dos números se separan, la diferencia es recorte, porciones de más, merma o algo que está saliendo del edificio — y los dos temas que siguen tratan de cuál. Esa comparación es también lo que vuelve confiable la hoja de desviaciones del curso de presupuestos, porque hasta que no cuentas, la línea de costo de alimentos de tu estado es una estimación disfrazada de dato.

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