III · Sacarle partido · Tema 6

Decidir con datos, no decorar con datos

14 min

Hay una versión de este asunto que no produce nada: el dueño que se monta un tablero precioso, lo mira cada mañana, se siente informado y lleva el restaurante exactamente igual que antes. Un dato que no cambia una decisión es un pasatiempo con pasos de más. Este último tema trata del punto en que se cruza esa línea — cómo convertir los grupos y las listas en unas pocas decisiones al mes, cómo juntar los números con lo que los clientes dijeron de verdad, y cómo pillarte a ti mismo usando una cifra de adorno para una decisión que ya habías tomado.

🔗 Los números encuentran la pregunta, las palabras la responden

Los dos cursos de esta pareja son mitades de un mismo instrumento, y usar solo uno te mete en problemas de forma bastante predecible. Los números solos te dan un hecho exacto sin explicación, lo que suele producir una acción equivocada hecha con total seguridad: los jueves bajaron un dieciocho por ciento, así que vamos a poner descuento los jueves — cuando la causa real era un problema de servicio que ahora el descuento va a subvencionar. Las palabras solas te dan una historia vívida sin ninguna noción de escala, lo que produce el error contrario: una reseña furiosa por el ruido, y un restaurante reconstruido alrededor de una queja que otras cuatrocientas personas nunca hicieron.

Usados juntos se tapan el punto ciego el uno al otro, y el método es poco vistoso.

  • Empieza por el número. Una caída, una lista de callados que crece, un grupo que se encoge. Esa es la pregunta, y viene con una fecha puesta.
  • Vete a las palabras de ese mismo periodo. Reseñas, respuestas de encuesta, el cuaderno junto al pase. La razón suele estar ya escrita.
  • Contrástalo con el comedor. Pregúntale al personal que trabajó esos turnos. Muchas veces te confirman o te tumban la teoría en una sola frase.
  • Y entonces decide, y anota qué esperas que pase. Esa predicción es lo que lo convierte en una decisión y no en una reacción.

Ese último paso es el que separa a quien mejora de quien solo anda ocupado. Escribir "si el problema es la espera, entonces la lista de callados debería dejar de crecer el mes que viene" no te cuesta nada y te da una respuesta real más adelante, en vez de la niebla habitual donde todo cambio se declara un éxito porque nadie dijo antes qué sería el éxito.

📋 Dos decisiones al mes

La disciplina es la misma a la que llegó el curso de opiniones, y por el mismo motivo: una lista larga de mejoras es una lista de ninguna. Una vez al mes, siéntate con los grupos, la lista de callados y los temas que salen de los comentarios, y elige dos cosas — cada una con el nombre de una persona y una fecha para revisarla. No diez. Dos.

Cómo son esas dos decisiones en la práctica suele ser más pequeño de lo que la gente espera.

Lo que muestran los datosLa decisión a la que apunta
Una parte grande de las ventas sale de un grupo pequeño de habitualesMover el esfuerzo de captar desconocidos a proteger a esas personas
Una lista de callados que crece mes a mesParar y buscar la causa antes de gastar un peso en recuperarlos
Ocasionales que vienen tres veces al añoUn motivo bien apuntado para que sean cuatro; aquí la oferta sí se paga
Un plato que tus mejores clientes piden siempreProtegerlo: no lo quites por trabajoso, y no lo cambies en silencio
Un servicio o un día que solo produce clientes de una sola vezO arreglas lo que hace ese servicio, o dejas de promocionarlo

Fíjate en que ninguna de estas decisiones va de comprar software ni de lanzar una campaña. Lo que los datos de clientes producen de verdad en un restaurante son decisiones sobre dónde pones la atención, qué plato se queda, qué día hay que mirar y a quién le toca una llamada — y por eso mismo esto funciona sin presupuesto.

🪞 Cuando el dato solo está de adorno

El fallo que hay que vigilar en uno mismo es usar los números para justificar en vez de para decidir, y se detecta con una sola pregunta: ¿habrías cambiado de opinión si la cifra hubiera salido al revés? Si la respuesta honesta es no, no estabas decidiendo con datos. Estabas buscando quien te diera la razón.

Aparece con unas cuantas caras reconocibles. Elegir el periodo que te favorece, comparando contra el peor mes en vez de contra el mismo mes del año pasado. Dar un porcentaje sin el número que hay detrás, de modo que "las reservas de ese grupo se duplicaron" resulta que significa cuatro en vez de dos. Vigilar cifras que solo pueden subir, como el total de clientes acumulados desde siempre, que no puede traer malas noticias y por tanto no informa de nada. Y la más común: medir lo que es fácil de medir en vez de lo que importa, que es como un restaurante acaba con una carpeta de reportes y sin idea de si sus mejores clientes siguen viniendo.

El antídoto es tener muy pocos números y que sean capaces de dejarte mal. Para la mayoría de los restaurantes son unos cinco: cuántos clientes distintos hubo este mes, qué parte de las ventas vino de clientes que repiten, cuántos hay en la lista de callados, cuántos de la lista de callados del mes pasado volvieron, y el gasto promedio por visita. Revisados cada mes, anotados y comparados solo contra tu propio pasado. Si tienes esos cinco y actúas sobre dos cosas al mes, ya le estás sacando a los datos más que casi toda esta industria.

🧭 Lo que has construido

Junta los seis temas y tienes un restaurante que conoce a sus clientes como personas y no como un total en un reporte. Encontraste los datos que ya venías recogiendo y dejaste de confundir transacciones con personas (tema 1). Uniste cuatro listas que se contradecían en una ficha por persona, recogiendo menos en vez de más, y dejaste claro de quién son esos datos (tema 2). Le pusiste a cada cliente tres números — cada cuánto, cuánto y hace cuánto — y descubriste los cuatro o cinco grupos que se escondían dentro de "nuestros clientes" (tema 3). Aprendiste a usar eso como lo haría un buen anfitrión, al nivel del grupo y no de la persona (tema 4). Montaste la lista mensual de quién se está yendo en silencio, que es la alarma que ningún otro sistema de tu restaurante va a sonar jamás (tema 5). Y ahora funciona: cinco números, dos decisiones, cada mes.

Con esto se cierran también los cinco cursos de marketing, que siempre fueron un mismo argumento. El programa le da a la gente un motivo para volver, el correo llega a quien ya te conoce, las redes hacen que te descubra quien no, las opiniones te dicen qué piensan y los datos te dicen quiénes son y a cuáles estás perdiendo. El hilo que atraviesa los cinco es el mismo y vale la pena decirlo claro: sale mucho más barato conservar a los clientes que ya tienes que comprar nuevos, y casi todo en esta industria está montado para que se te olvide. Los cinco números de este curso existen sobre todo para seguir recordándotelo.

Responde con tus palabras, JP te da retroalimentación y un puntaje de avance.
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