I · Lo básico · Tema 1

¿De verdad necesitas una app?

13 min

Este es el curso más corto y honesto de la biblioteca, porque para casi todos los restaurantes la respuesta es no. Alguien te va a ofrecer construirte una app, la demostración va a ser preciosa, y la aritmética que hay debajo casi nunca sale para un restaurante de cincuenta puestos. Este primer tema es esa aritmética, hecha delante de ti, para que puedas cerrar el curso con el dinero todavía en el bolsillo o seguir sabiendo exactamente qué estás comprando.

📱 Tres condiciones, y tienen que cumplirse las tres

Una app se gana su sitio solo cuando todo lo que viene se cumple a la vez. Dos de tres es un no.

  • La gente viene con bastante frecuencia. Instalar una app es un costo que paga el cliente —encontrarla, descargarla, hacerse una cuenta— y solo lo paga por los sitios que usa una y otra vez. Una cafetería a la que alguien va cuatro veces por semana lo cumple de sobra; un restaurante al que va cada seis semanas no lo cumple, por mucho que le gustes.
  • Hay algo que el navegador de verdad no puede hacer. Esa lista es mucho más corta que antes: una web para el teléfono puede tomar pedidos, tomar reservas, cobrar, enseñar la carta y guardar una tarjeta de fidelización. Lo que queda son, básicamente, avisos que puedes mandar gratis y un icono en la pantalla de inicio: ventajas reales, pero pequeñas.
  • Alguien la va a cuidar para siempre. Una app no es algo que compras, es algo que mantienes: la carta cambia, los sistemas de los teléfonos se actualizan dos veces al año, las reglas de la tienda cambian, la librería de pagos caduca. Una app que nadie mantiene deja de funcionar en cosa de dieciocho meses, y para entonces ya no te está haciendo nada: te está haciendo daño.

Fíjate en que ninguna de las tres va de diseño ni de funciones. La versión de catálogo de este tema dedica sus capítulos a qué funciones incluir; para cuando empieza esa conversación, la decisión ya se ganó o ya se perdió.

📉 La aritmética de las instalaciones, con tus números

Corre el embudo con el restaurante que lleva usando toda la biblioteca. Atiende dos mil comensales al mes y tiene, siendo generosos, ochocientos clientes habituales.

Instalaciones. Un restaurante que promociona bien su app —en la cuenta, en la mesa, en la puerta— convierte a un porcentaje bajo de un solo dígito de sus habituales. Digamos un 5%: cuarenta instalaciones. Eso no es pesimismo, es lo que consigue un independiente pequeño sin un presupuesto de marketing permanente.

Los que siguen ahí un mes después. Casi todas las apps pierden más de la mitad de sus usuarios en treinta días. Con un 40% de retención quedan dieciséis personas abriéndola.

Cuánto valen dieciséis personas. Si cada una pide una vez al mes con una cuenta de $25, la app mueve $400 de venta: el 0.8% del mes del restaurante. Contra una app de plantilla a $300 al mes, eso son $18.75 de app por pedido, y la cuota se come tres cuartas partes de la venta que genera.

Y la cuota es un costo fijo, que el curso de presupuestos ya te enseñó a leer: $300 al mes divididos entre el 51% que llega vivo a cubrir los costos fijos significa que la app tiene que traer unos $600 de venta extra todos los meses solo para quedar en tablas. Dieciséis personas pidiendo una vez no lo van a hacer.

🪞 La prueba del espejo

Antes de cualquier número hay una versión de dos segundos de esta decisión, y acierta sorprendentemente bien: ¿cuántas apps de restaurante tienes en tu propio teléfono, y cuándo abriste la última?

Casi todo el mundo contesta una o dos —normalmente una cadena grande con un programa de puntos que de verdad funciona— y la última vez fue hace meses. Tus clientes no son distintos de ti. Instalan la app del sitio que usan cada semana y la de una marca que les da algo concreto; no instalan la de un restaurante muy bueno al que van seis veces al año, y enfadarse con eso no lo cambia.

Las cadenas son la excepción que confirma la regla, y vale la pena ver por qué: tienen la frecuencia, tienen un programa de recompensas de verdad, tienen gente cuyo trabajo entero es esa app, y tienen millones de clientes para repartir el costo. Si tu app intenta ser una versión pequeña de la suya, estás compitiendo justo en el eje donde el tamaño gana siempre.

🧭 Qué cubre este curso y qué no va a repetir

Cuatro de los cinco capítulos que el guion original proponía para este tema son de otros cursos, y los cuatro ya están escritos.

  • Tomar pedidos es el curso de pedidos en línea para tu propio canal y el curso de delivery para los de terceros. Si una app toma pedidos, es una carcasa alrededor de lo que aquellos dos ya te enseñaron.
  • Cobrar es el curso de procesamiento de pagos. Que sea un teléfono no cambia ni las comisiones, ni los contracargos, ni la liquidación.
  • Los programas de fidelización son el curso de fidelización, y promocionarlos es el de email y el de redes sociales. Una app puede llevar un programa; no puede diseñarlo.
  • Las reservas son el curso de reservas que acabas de terminar.

Lo que sí es propio de este curso es la decisión misma. El tema 2 es donde debería parar la mayoría de los lectores: todo lo que el teléfono de tu cliente ya hace por ti sin escribir una sola línea de código, que para la inmensa mayoría de los restaurantes es la respuesta entera. Los temas 3 a 6 son para la minoría que pasa del tema 1: cómo elegir, cómo no acabar borrado en el primer minuto, cómo ganarse una segunda visita y cómo saber cuándo toca apagarla.

Responde con tus palabras, JP te da retroalimentación y un puntaje de avance.